Vivencias de un costalero de silencio y fe

Pasado un tiempo de la Semana Santa 2016 puedo hacer un balance de lo acontecido en lo que para mí ha supuesto la llegada al mundo del costal, una visión diferente de ver y entender la semana grande.No cabe duda de que la decisión estaba decidida hace mucho tiempo, pues siempre desde que recuerde he visto el paso del señor por mi casa, o siendo su penitente, o acompañando a la cofradía hermana de San Gregorio. Hace años me enseñaron una foto en la que mi padre estaba de cargador con la imagen antigua, allá por mediados de los años 80, lo que hizo que tuviera más carácter sentimental y desde entonces prometí que algún día sería costalero del Señor del Silencio.

Siempre le he tenido respeto o temor al hecho de ser costalero porque pensaba que no  estaba físicamente preparado para ello, pero era el momento. En los momentos difíciles se busca un hombro donde apoyarse y yo pensé que acercándome más al Señor del Silencio Amarrado a la Columna y María Santísima de la Salud pasaría mejor el trago, y así fue, lo que no sabía es que gracias a ellos conocería a gente maravillosa. Todo comenzó a fraguarse cuando en navidad mi hermana Gloria me regaló el costal, siendo ella  la persona más adecuada pues como muchos saben, ella lleva varios años siendo los pies de varios pasos de nuestro pueblo, por lo que fue un gran gesto por su parte.

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Llegó el día de la Igualá y yo estaba nervioso con lo que me iba a encontrar, mucha gente desconocida, mayores que yo, con mucha más experiencia. Me acuerdo del momento en el que había que presentarse y decir por qué, por qué yo estaba allí, que era lo que me motivaba a dar el paso, creo que es un momento que cualquier grupo debería hacer, pues así permite conocerse mejor los unos a los otros y a uno mismo, ya que debemos mirar en nuestro interior y preguntarnos la razón de querer ser los pies del Señor o la Virgen. Después ya fuimos a la casa hermandad y me di cuenta de lo perdido que estoy en muchos aspectos y sigo estando, pues siempre intento aprender algo nuevo cada día, de la pasión que sienten las personas que me han rodeado y me rodearán por este mundo. Me hicieron comprender que lo que yo veía a veces desde fuera, de locura no tiene nada, no es nada más que fe y devoción en sus titulares.

La timidez o miedo a lo desconocido es una de las cosas de mi personalidad que destacan. Soy hombre de pocas palabras, pero recuerdo como todos se preocuparon por mí en cada momento y me trataron como a uno más, como a un hermano, y eso por desgracia creo que no lo puede decir todo el mundo. Todo esto sin haber comenzado los ensayos todavía, aquí, a mediados de enero, comenzó mi Lunes Santo 2016 particular. El primer día de ensayo fue malo, nulo para mí, ni sabía ponerme la faja, ni el costal, que ni sé hacérmelo todavía (es una de las cosas básicas que debo de aprender ya) y no me sentía a gusto, se me salía constantemente, tenía sensaciones raras, hasta había veces que me equivocaba en el paso, vamos se notaba que era un novato, pero los compañeros y capataces me animaban y me daban consejos, así que aun acabando un poco desanimado y enfadado conmigo mismo miraba al futuro con optimismo.

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Los siguientes ensayos fueron transcurriendo y pasando, destacando la subida del ”Risquillo” por la dificultad y la coordinación que requiere hasta el quinto y último para mí, en el que siempre recordaré ya de madrugada como hacíamos las puertas: silencio, oscuridad, oración, nuestros titulares iluminados solo con unos cirios ante nosotros. Personalmente creo que la esencia de la semana santa debe ser esa, humildad, regocijo, hermanamiento, oración y fe, y mis compañeros van sobrados de todo eso. Dos momentos más que siempre recordaré son la subida de las imágenes y la entrega de medallas, son actos bastante íntimos, en los cuales se pone de manifiesto la unión de toda una cofradía y cuadrilla de costaleros. Al ser mi primer año la gente puede pensar que todo es especial, y lo es, pero lo importante pienso que es no perder ese cosquilleo, ese nerviosismo por mucho que pasen los años, y permanecer al pie del cañón.

Y llegó, Lunes Santo 2016, 21 de marzo de 2016. No hace falta decir que no pude dormir la noche anterior, estaba histérico porque las previsiones climatológicas no eran nada optimistas y no quería ser el gafe de turno en una cofradía en la que por suerte siempre salen las imágenes a repartir su bendición al pueblo de Pozoblanco. A la hora del café ya reunidos la mayoría se veía que sí, que íbamos a salir, que todo el esfuerzo se vería recompensado. Y por tanto los nervios pasaron a ser los típicos de “todo tiene que salir bien”. Quien me conoce sabe que soy muy exigente en todo lo que hago, y más tratándose de formar parte del caminar de cristo, no estamos hablando de cualquier cosa.Ropas, fotos de rigor, concentración, mucha concentración. Ya estamos reunidos en el interior de la ermita, escuchamos la palabra de Dios y… ¡qué abran las puertas de San Gregorio!

Mi estación de penitencia fue muy seria, incluso un poco ausente de lo que estaba pasando, estaba en mi mundo, orando, dando gracias, pidiendo perdón por mis muchos errores, acordándome del camino, de muchas personas que siempre me acompañan en mi vida, estén o no estén presentes, pidiendo por ellos. Si tengo que destacar momentos son: el homenaje a nuestro antiguo titular, que mi padre había portado, que era parte de él, y por tanto parte de mí, el momento que llegando a carrera oficial sonó “Caridad del Guadalquivir”, no sé por qué me emocionó, eso es lo que tiene la música, que forma parte de la banda sonora de la vida de cada persona. La carrera oficial fue muy especial, y dura a la vez, ahí pude comprobar que los ensayos me hicieron aprender y mejorar aunque yo no lo viese, y junto a la subida a El Risquillo fueron sonidos, imágenes y sensaciones que no podré olvidar.

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Pero todavía quedaba lo que para mí significó el momento más especial de la noche y puede que de mi vida. Vuelta a San Gregorio, suena “Rocío del Cielo” hasta que de repente para la música, para el paso, en un lugar en el que no estaba programado. Yo no sabía lo que estaba pasando, estaba en el lado derecho, miré fuera y vi el número 3 por tanto estábamos en frente de mi casa, Ángel, el capataz permitió que por un instante, se recordara la figura de lo que según dice la gente, fue un hombre, y por qué no, a una mujer que ha sacado a sus hijos sola adelante. Solo los allí presentes pueden saber lo que pasó, y mi reacción. El momento de la recogida, de vuelta al barrio, y la entrada llegaron, con mucha alegría al terminar, y con la satisfacción individual y yo creo que grupal del trabajo bien hecho. Abrazos, alegría, hermanamiento. Todo había salido a pedir de boca. Así transcurrió mi Lunes Santo más especial. Echo de menos muchos momentos y personas, desde Barcelona mando un gran abrazo y mis ganas de estar presente hasta que pueda en un grupo muy sano de personas, que hacen andar al señor del Silencio con un romanticismo espectacular.

 

No puedo finalizar este escrito sin hacer un énfasis para agradecer, en primer lugar a la Cofradía del Silencio de Pozoblanco, a mi familia y amigos, a Ángel y Sebastián por su ardua labor como capataces, a Rafa, Manu, Mansi, Pedro, Antonio por permitirme aprender de su amor por el costal, por el Señor, espero seguir aprendiendo muchos años de vosotros. Por último quiero poner en valor a la mujer costalera, y como por suerte existe, me han acompañado en este bendito viaje y apoyado en la trabajadera.Espero no haberme dejado atrás a nadie en mis agradecimientos y que mis palabras no hayan sentado mal a nadie, pues este artículo está más escrito con el corazón que con la cabeza, espero mejorar cada vez mi escritura mostrando mi forma de entender la semana santa y por tanto la vida, y por supuesto estoy ya esperando con muchas ganas el 10 de abril de 2017, Lunes Santo 2017.

Mientras tanto a seguir soñando, ¡VIVAN LOS COSTALEROS ROMÁNTICOS, EL SEÑOR DEL SILENCIO AMARRADO A LA COLUMNA Y MARÍA SANTÍSIMA DE LA SALUD

Pedro José Herrero Atoche.

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