LA FE DEL COSTALERO

Mi pequeña experiencia en el mundo del costal y mis andaduras por varias cuadrillas locales y de la capital me han dado la gran suerte de conocer a muchos y muy diversos costaleros y costaleras. Una de las cosas que me da que pensar es: ¿Por qué pensamos que la fe que tenemos debajo de un paso es la mayor fe que puede tener una persona frente a su titular? Lógicamente no todo el mundo piensa así pero…como les digo, conozco un alto porcentaje que así lo manifiesta y/o así actúa.

Ciertamente lo que una persona vive y siente cuando se aprieta su faja y se coloca su ropa con esmero con la única intención de disfrutar sufriendo de ese bendito paseo que tiene la oportunidad de conceder a su titular es algo maravilloso, lo cual el Señor me donó la ocasión de poder sentirlo y debo decir que es algo enorme.

Pero una vez dicho esto, os dejo unos interrogantes: ¿la persona que va a ver y a rezar a su titular TODOS los días del año, independientemente del tiempo que haga… tiene menos fe que un costalero? -muchos costaleros no lo hacemos – ¿la persona que sufre una enfermedad que le impide poder realizar ese esfuerzo físico debajo de un paso… ya no tiene la misma fe que el que va debajo? ¿podemos acaso dudar de la fe de aquella persona que por su avanzada edad, enfermedad o cualquier problema de muy diversa índole espera ansiosa e ilusionada a que su titular pase por su casa, teniendo en cuenta que a lo mejor, o a lo peor, no puede por sí sola acercarse a verla en su sagrado templo o en su ansiada estación de penitencia?

Por favor, reflexionemos, disfrutemos infinitamente de ese privilegio que Jesús nos ha ofrecido pudiendo expresar y transmitir al pueblo la fe y dejemos de pensar y, aún más, de actuar como si la nuestra fuera la única manera o la mejor forma de expresar ese hondo sentimiento de comunión con el Creador. Quizás soy de los que pienso que ese humilde rincón, ahí abajo, bajo las trabajaderas, es el que nos ha tocado precisamente a nosotros en este justo momento pero… quizás mañana tengamos la ocasión de poner música al caminar del Señor o al de su Bendita Madre, quizás mañana nuestra misión sea la de llevar un cirio para iluminar el peregrinaje de María hacia el Calvario o la de colocar una flor con todo el cariño y esmero que seamos capaces de trasmitir. Seguro que, llegado ese momento, mi fe se mantendrá intacta a pesar de los pesares. Eso al menos espero.

JOSE MANUEL MANSILLA PRATS

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