El nuevo costalero 

Ciertamente es inevitable poder decir a boca llena que el mundo del costal goza hoy en día de una salud envidiable comparado con otras épocas. Vivimos un momento donde los costaleros y costaleras van creciendo en cantidad y por supuesto en calidad. Es evidente que estos nuevos aires también han llegado a nuestra localidad y raro nos resulta imaginarse una convocatoria a cualquier “igualá”, bien sea de Semana Santa o de Gloria y no encontrar a una numerosa cantidad de personas con la única intención de pasear la fe.

Como bien he dicho, bajo mi criterio, se denota muy claramente el avance técnico de un porcentaje muy alto de ellos: ropas con medidas adecuadas, posturas correctas bajo el paso… Pero siempre me pregunto ¿por qué siempre lo primero que aprendemos es el “postureo”? ¿Por qué nos quedamos con lo “malo” y no con lo “bueno” (que es mucho) de todo esto? ¿Por que lo primero que se aprende es a remangarnos el pantalón y bajar el costal por debajo de los ojos? Entiéndanme, no lo critico -yo lo hago- pero… no debemos quedarnos ahí. Debemos saber que el costalero lleva lo más sagrado encima, que los kilos van a venir, como un oficio que es, que debemos ser compañeros y ayudarnos cuando la persona de al lado lo necesita. Aprendamos a ser humildes, a hacer único protagonista a quien llevamos encima. A eso me refiero, debemos aprender unos valores básicos y desde ahí aprender el resto del manual. No al contrario.

Una vez los valores aprendidos, debemos aprovechar este momento de crecimiento, eso sin duda. Aunque en este mundo nunca dejaremos de aprender, contamos con personas cualificadas para enseñarnos con unos criterios bastantes correctos el adecuado uso de nuestras ropas de trabajo, cómo hacerlas y colocarlas y por supuesto cómo debe ser nuestra labor debajo del paso. Dejémonos por tanto enseñar. Pongamos en práctica esa humildad que tiene que ir siempre ligada a la “gente de abajo” y no dejemos de aprender nunca. Si al empezar en este maravilloso mundo del costal cogemos unos conceptos adecuados nos resultará mucho más fácil que cuando hayamos cogido una mala práctica.
José Manuel Mansilla Prats

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