La voz en el Silencio 

Qué paradoja que fuera precisamente en la Casa del Silencio donde anoche tomaron la palabra los olvidados, aquellos a los que desde nuestro acomodado primer mundo se les niega el pan, la sal y la palabra. De la mano de Ángel Moreno, alma salesiana y coraje de buen patero, transitamos sobrecogidos por la dramática situación que sufren los inmigrantes en la ciudad fronteriza de Ceuta, a tiro de piedra de nuestro refrigerador, en esa tierra de nadie a la que llegan exhaustos y anhelantes de un futuro mínimamente decente estos parias de un mundo que vuelve la espalda y se entretiene con los chismes cotidianos de nuestros parlamentarios y demás frikis de sobremesa. Importante la labor de estos voluntarios que como Ángel aportan su grano de arena y nos espabilan contando su emocionante experiencia con estos hermanos, hijos del mismo Dios al que intentamos seguir a paso lento. Importante también la función de nuestras hermandades dando voz a quien más necesita ser escuchado


Andrés Luis Garrido

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