Y en Pozoblanco, Amargura

 

Radiaba el sol en la capital del Valle de los Pedoches, y María Santísima de la Amargura se postraba en un lado del altar salesiano. Sentada, dolorosa salesiana vestida para la ocasión, pensativa y maravillosa. Los fieles salesianos miraban con devoción su titular.

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La tarde comenzaba con una eucaristía oficiada por el consiliario de la cofradía, un ratito de oración ante ella, un encuentro entre el devoto y ella, un rito católico que transciende entre lo humano y en lo celestial. Cuando finalizó la santa misa, los hermanos salesianos, uno a uno, fueron postrando ante la bella imagen que saliese de la gubia de Antonio Llanes. María Santísima de la Amargura se postraba ante todos nosotros en solemne besamanos. Un rato más cerca de ella, para poder conversar más fielmente ante la virgen.

El colofón fue lo mejor de este 29 de octubre. La banda, su banda interpretó diversas melodías celestiales, trasladándonos por unos momentos a esas tardes gloriosas de marzo y abril, tardes de jueves santo. Las cornetas sonaban a RÉQUIEM, melodías a la MADRE DE DIOS de la Amargura, bonito DULCE NOMBRE que evoca a una VIRGEN DE LA VICTORIA. El colectivo musical dirigido por D. Andrés García nos hizo volver al pasado, rememorar armonías de fe y devoción que nos evoca a un pasado reciente.

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Desde Cruz de Guía agradecemos a la Cofradía Salesiana del Santísimo Cristo del Perdón y Nuestra Señora de la Amargura la disposición del solemne acto. Así mismo, la priostría de la cofradía nos adjunta el significado del altar de la Santísima Virgen.

“A LA DERECHA ESTA LA REINA, ENJOYADA EN ORO DE OFIR” (Salmo 44)

Recién iniciado el curso en el que la Cofradía celebraremos el setenta y cinto aniversario fundacional,

Nuestra Señora de la Amargura se nos presenta ocupando el trono correspondiente a su realeza. Enmarcada a la derecha del Altar Mayor como menciona el Salmo 44 y en el primer Libro de los Reyes 2,19, se encuentra entronizada en un altar efímero con el que se ha pretendido representar el salón del trono de la corte. Situado sobre el sillón real y junto a ricos cortinajes aparece la representación del escudo de la Cofradía y sobre éste la corona de salida de Nuestra Amantísima Titular como símbolo y emblema de su reinado.

Igualmente en la parte superior se aprecian dos cornucopias doradas con espejo en alusión a una de las letanías de la Virgen en la que se la alaba como “espejo de justicia”. Flanqueada a ambos lados se disponen distintos puntos de luz, doce sobre candelabros individuales que representan a los apóstoles como aconteciera en Pentecostés en el que Ella como Reina de los Apóstoles preside la oración y recuerda las enseñanzas de su hijo. Sobre columnas aparecen dos candelabros de cinco puntos de luz cada uno, un total de diez que hacen alusión a los 10 mandamientos que Yahvé entregó a Moisés, de los cuales la Santísima Virgen es fiel y celosa cumplidora.

Ante las mencionadas columnas aparecen dos jarras de flores blancas que simbolizan la pureza de la Santísima Virgen así como el amor de todos sus hijos. Flores distribuidas de forma cónica ascendente representando la plegaria que se eleva a Dios Padre por intercesión de la Virgen. Nuestra Amantísima Titular se encuentra ataviada con parte de su mejor ajuar y enjoyada del modo que nos relaciona en el mencionado Salmo, resplandeciente vestida del candor dorado que simula a la vestimenta de sol que se nos recrea en el Libro del Apocalipsis 12.

José Manuel Mansilla Prats

 

 

 

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