Presentacion de la charla con “Los Ariza” en Pozoblanco

Sobriedad. Tradición. Sencillez. Compromiso. Honradez. Poco más hay que tatuarse en el alma de aquel que vive con hondura esta bendita pasión de meterse bajo un paso para dar testimonio de una fe que une. Una fe que funde los extremos. Una fe que tiene la capacidad de mover a todo un pueblo que reza en silencio, que se postra humildemente ante la visión de un Dios escarnecido o ante la Madre doliente que acompaña a su hijo sabedora de que el final se acerca inevitablemente.
Hubo un tiempo en que las formas de sentir se acompasaron a las formas de expresar en la calle. Hubo un tiempo en que familias de honda raigambre en el sentir de una cofradía pudieron poner en marcha todo un mecanismo por y para ese objetivo común que no era otro que el de poner en la calle a todo un cortejo con la máxima dignidad que se merecen. Tuvieron la confianza plena. La siguen teniendo. Dudo que nadie pueda poner en duda su capacidad, ni su compromiso con el fin último de todo este tinglado y que no es otro que la rotunda proclamación de un Dios hecho carne que se muestra en madera ante todo un pueblo, una madre que entre flores y cirios encendidos, bajo un palio bordado y titilante vierte sin mesura lágrimas de tristeza y piedad por su hijo muerto sin justicia ni compasión.
No quiero apartarme de la realidad. Aquí y allá todos somos hijos de un mismo Dios y de una misma Madre que a todos acoge bajo su manto de estrellas, pero a pesar de los pesares, hay familias que aquí y allá nacen bajo el manto de una advocación y se mantienen fieles por más que pasen los años. Esas mismas familias mantienen una forma de hacer las cosas por encima de modas y vaivenes cofradieros. La familia Ariza demostró que con claridad y humildad se puede seguir manteniendo las formas y el fondo de todo esto. Ellos son respetados en su Sevilla natal y desde ahora también en este rincón de Los Pedroches. Ojalá seamos capaces de respetar de igual modo a tantas y tantas familias que aquí, como allá, se desviven por su hermandad manteniéndose fieles a un legado heredado. ¿Qué sería de nuestras cofradías sin esas sagas familiares que las sustentan a pesar del paso de los años…?

 

Andrés Luis Garrido Ballesteros

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