LA OTRA SEMANA SANTA


Normalmente cuando se le pregunta a alguien sobre Semana Santa, todo el mundo la asocia con Sevilla, Málaga, grandes ciudades, pero… ¿eso significa qué son mejores? Bajo mi modesta opinión creo que la Semana Santa tiene el valor que le dé cada uno, la intensidad con que la viva sea de la forma que sea, y que no sea durante solo 7 días, sino que se pongan en prácticas los valores que defiende como el amor al prójimo, el estar al servicio de quien lo necesite, cada día. Por supuesto que cada uno defiende lo suyo, faltaría más, yo el primero, pero eso no significa que tengamos que descalificar lo que sucede en otros lugares del país e incluso del planeta. Cada rincón tiene algo especial, algo único, que se diferencia del resto, y creo que es lo que se debe valorar y admirar.
Como intento de músico que soy, este bendito arte, pese a no ser músico cofrade, me ha permitido conocer como se vive la pasión de cristo en lugares cercanos a Pozoblanco, en municipios pequeños pero en los que se mantienen las tradiciones y en los que a pesar de ser pocas personas las que lo viven, crean ambientes mágicos en los que se respira que lo que sienten, es auténtico. Los municipios a los que me refiero son El Guijo y Villanueva del Duque.
Mientras en Sevilla están llenas las calles viendo hacer su estación de penitencia a hermandades tan importantes como “El Cachorro” o “La O”, o en Pozoblanco todo el mundo llenando el recorrido por donde pasa Nuestra Señora de la Soledad, en estos municipios que he mencionado anteriormente, hay una noche de Viernes Santo diferente, que me ha llenado de sensaciones que nunca había vivido durante la semana mayor.
Y es que la música de capilla tiene algo especial, y es que lo simple, hecho con el corazón puede resultar maravilloso. Pero, ¿qué es la música de capilla?
La música de capilla es la congregación de estilos, timbres y ritmos sonoros que, por excelencia, acompaña el discurrir procesional de las cofradías más rígidas y ascéticas. Se trata de un género musical religioso que tiene su origen, dentro de la Semana Santa, en Sevilla.
Por ello, hermandades sevillanas como El Silencio, La Quinta Angustia, El Valle o Los Negritos conservan tan ancestral tradición siendo conscientes de que velan por un vestigio musical muy valioso. Originalmente, este escueto conjunto musical ha sido estructurado para requerir la interpretación de instrumentos de viento-madera (clarinete, fagot, oboe, saxofón, flauta,…) muy consecuentes con el estilo de cortejo procesional que privaba en sus comienzos. Le exigían concretas composiciones acordes con el ciclo litúrgico anual de este periodo, la Pascua.
Los inicios de la capilla musical pueden corresponderse con los inicios de la música occidental. Todo comienza en el siglo IX, donde Pipino el Breve con el apoyo de Gregorio VII unificará y hermanará todas las liturgias llamándolas Gregorianas. De esta coalición se propone como canto oficial de la liturgia el Canto Gregoriano. A finales del siglo XI, principios del XII; la composición sustituye a la improvisación aportando un sistema de notación musical que permite aprender, componer e interpretar en ausencia del compositor. La polifonía sustituye a la monofonía, sin abandonar el Canto Gregoriano, con lo que aparece el Organum y el Discantus. Estos estilos se desarrollarían durante los siglos XII y XIII hasta llegar al florecimiento del Organum de Notre Dame. Canónigos de dicha catedral fueron sus máximos exponentes, Leonín (1159-1201) y Perotín (ca. 1200). Con Perotín se alcanza el máximo esplendor polifónico creando el Conductus, llegando a finales del siglo XIII, al Motete.
Hasta aproximadamente, 1322- 1325, que aparece el término Ars Nova de la mano de Philipe de Vitry; todas las composiciones se habían creado para uso litúrgico y de tema religioso.
A partir del siglo XIV, el Motete se crea sobre tema religioso pero también empiezan a prosperar Motetes con temática profana. Toda esta cronología compositiva sirve para conocer el estilo compositivo que reflejan las polifónicas piezas de capillas. A principios y mediados del siglo XX, aparecen piezas mal tituladas o subtituladas como “Motete”. El error de estas piezas emerge de que el motete debe ser principalmente vocal (con texto en sus voces para ser cantado) y, si cabe, puede contener un pequeño y grave acompañamiento musical en forma cantus firmus con ritmos excesivamente largos; y no piezas instrumentales.
Visto esto, es ineludible esclarecer la denominación de “Música de Capilla”. Es a partir del siglo XIV, con la aparición del Ars Nova los mecenas y príncipes de la Edad Media deben reflejar su poder. Contratan a los mejores artistas para realizar las mejores obras que manifiesten el esplendor de su territorio. En lo musical, se crean Capillas Musicales bajo la dirección de un maestro. En la Corte Papal de Avignón se empezó a contar con una capilla musical que acompañase en la liturgia y en actos religiosos. Consecutivamente, las cortes de los Reyes Católicos, Felipe el Hermoso, Carlos I, Felipe II,… y posteriores, fueron los precursores de las Capillas Musicales en sus cortes, con lo que destinaban bienes económicos a crear y conservar las capillas musicales de sus catedrales. Estas Capillas estaban compuestas por un maestro, un coro de niños cantores, cantores adultos que formaban un coro, ministriles (chirimías, bajón, sacabuche,…) órgano y trompeteros.
La capilla musical de la Catedral de Sevilla ha sido la más importante capilla catedralicia de España contando con importantes y reconocidos Maestros como Cristóbal de Morales, Alonso Lobo, Diego José de Salazar o Hilarión Eslava.
La importancia de la capilla musical de la Catedral Hispalense, incluso la de la Colegiata del Salvador, sería el desencadenante para que las cofradías sevillanas apostaran por trasladar la música del oficio religioso a la procesión y acompañamientos de sus distintas comitivas penitenciales. Estas hermandades adaptan la Capilla Musical para que intervenga, por medio de ministriles, en dichas estaciones de penitencia. Con lo cual, si los músicos se disponían a interpretar su música caminando, necesitarían utilizar instrumentos aptos para este oficio. Instrumentos de poco peso que proporcione un timbre adecuado al evento: nostálgico, suave,… Hablamos de instrumentos como la chirimía y el bajón. Actualmente, estos instrumentos han evolucionado hasta llegar a lo que conocemos como oboe (chirimía) y el fagot (bajón).

Conociendo el origen de sus composiciones y sus instrumentos; podemos decir cuales son las primeras composiciones destinadas para acompañar las penitencias de las hermandades de Sevilla. Las primeras composiciones aparecen en el siglo XVIII, atribuidas al fagotista y ministril de la Capilla Musical de la Colegiata del Salvador, Francisco de Paula Solís. Conjunto de ocho piezas homorrítmicas de corta duración a tres voces, dos agudas Triple y Altus y una más grave que da la base de sustentación a la composición. Instrumentadas para la interpretación de dos oboes (triple y altus) y un fagot (tenor ó bajo). Aunque se les conoce como Saetas del Silencio, originalmente fueron denominadas, y así aparece, como Canciones a Tres. Aunque, las cofradías han ido experimentando modas y cambios sucesivos, la música de capilla ha permanecido inalterable en continuo progreso. La actividad de muchos autores, identificados con la música procesional, ha contribuido a que el catálogo de obras de capilla continuase aumentando y no se perdiera el hábito de componer este estilo de música procesional.

Pues bien, este tipo de música es el acompañamiento ideal para Vía Crucis, entre estación y estación, como podemos observar cada Miércoles Santo con la imponente figura del Señor de la Caridad, y que en el caso que acontece hoy, del Vía Crucis del Viernes Santo en El Guijo, cuyas calles y gente hacen que sea especial, y del que me sorprendió gratamente como no solo asisten personas de mayor edad, sino también jóvenes y niños. Es bonito apreciar también la diferencia entre esta y otras procesiones de carácter más festivo como San Isidro y la Romería de la Virgen de las Cruces, la diferencia entre lo más sobrio y lo más alegre.
Finalmente, situémonos en el momento en el que María deja a Jesús en el sepulcro, como tuvo que ser ese camino de vuelta hacia Jerusalén, ese es el momento en el que he tenido el gusto de participar durante varios años en Villanueva del Duque, acompañando a la Virgen de los Dolores, en lo que allí se conoce como Procesión del Silencio, en la que mujeres de la localidad mantienen una tradición muy bonita y solemne, por tener un silencio asombroso solo interrumpido por la música de capilla y en la que la oscuridad está presente salvo en las velas que iluminan el andar de la Virgen y de las penitentes vestidas de mantilla. Creo, honestamente, que tiene mucho mérito que se mantengan estas tradiciones, y, como en el caso anterior, se inculquen a las nuevas generaciones.
Animo a que si tenéis la posibilidad de presenciar momentos como estos en localidades pequeñas lo hagáis, seguro que aprendéis algo, como yo lo seguiré haciendo mientras me lo permitan. Animo también a que compartáis vuestras vivencias, ya que es una gran fuente de enriquecimiento en la que aprender.

Gracias y….¡Saludos desde Barcelona!

Pedro José Herrero Atoche.

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