El pellizquito de la “Igualá”

Y llega el día, probablemente para muchos uno de los días más importantes de sus vidas, van a intentar ser los pies del Señor que los ha visto crecer desde chiquititos, para otros muchos una promesa por cumplir… pero el común denominador de todos ellos es SER COSTALERO.

El día de la iguala se acerca y el cosquilleo en el estómago del nuevo costalero se incrementa, y en su cabeza un batiburrillo de ilusión, nervios, miedo, pero sobretodo devoción. Y ya está aquí el día, ha llegado el momento de ponerse las zapatillas y esperar a coger ese tan ansiado sitio por muchos. Y por fin se escucha eso de “señores vamo pa’ dentro”, el capataz entra en la iglesia y se realiza el rezo a la Santa Imagen de Nuestro Señor Jesucristo y a su madre María Santísima, mientras muchos intentan esconder los nervios hasta que entre risas de los demás hermanos costaleros y asistentes a la iguala se mi nombre, y las pulsaciones se disparan, “¡este año si!”, me digo una y mil veces. Al fin el capataz me mide y me asigna ese sitio que tanto tiempo llevaba esperando, ahora toca preparar toda la ropa, bien planchadita siempre, como si fuera nueva, e intentar templar los nervios hasta el día del ensayo.

Y es que esto es una de las cosas más bonitas que existe en el mundo del costal, esa ilusión, esos nervios que a veces no te dejan ni dormir, y es que es eso lo que hay que conservar, aunque en alguna iguala nos digan que no tenemos sitio, la ilusión no se puede perder nunca.

JESÚS RODRÍGUEZ SÁNCHEZ

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