Y la luna bajó desde el silencio

Realmente, no sé si lo viví. O lo soñé… Las teclas del piano cayeron una tras otra, implacables, desgranando el primer bofetón de nostalgia… Ana, mi abuela, frágil como una pavesa de incienso, consumida y lejana de todo ya, musitando apenas una estrofa, un lamento susurrado… “No quiero ser un estorbo, ni quiero ser un problema”…  Qué se esconde sigiloso y amenazante tras la puerta del recuerdo, qué rastro deja tras de si esta espiral de mariposas, que más bulle en las entrañas… Treinta años de un silencio atroz, injusto, arbitrario. Treinta años de soportar el peso de un olvido impostado, que no real. Un olvido que desgarra los adentros. Duele. Vive Dios que duele. Coplas que resuenan por cada rincón de este pueblo como pájaros sin red que les enjaule, por cada matanza a primeros de enero, por cada recodo del camino que lleva al santuario de luna… Pero nadie se acordó. Nadie tuvo la peregrina idea de colocar en su justo lugar a estas coplas que son del pueblo, manque a algunos les pese.  La antesala del excelso pregón de Antonio Garrido marcó el sendero, alumbró el camino, puso a cada quien en el sitio que quizás merecía desde hace tiempo. Luego vino la locura, la ensoñación, el delirio. La cara oculta de la Luna y también sus diferentes matices. Unos llenos de esperanza, de ilusiones y alegrías…otros son duros de andarlos porque están llenos de espinas… Y va marcando el sendero, la Cruz que en silencio lleva, por el camino el romero que va en busca de la virgen para pedirle consuelo. Consuelo y esperanza nos trajo nuestra Virgen chiquita desde su santuario en la Jara hasta nuestro pueblo, marchito de anhelos, ávido de puntales a los que amarrar sus raíces que se dispersan inevitablemente ante el empuje inexorable de las nuevas formas de ser y de relacionarse. Redes sociales que son más redes que sociales como dijo el insigne pregonero. Pero la escopeta sigue disparando, el hornazo sigue ofreciéndose en el Arroyo Hondo como símbolo imperturbable al paso de los años. La Señora de Luna ya está en Pozoblanco. El trayecto sideral entre campos estelares cubiertos de encinas llegó a su ansiado destino. La tradición se hace leyenda. El ceremonial sigue vivo.

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Andrés Garrido.

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