Historia viva de una cofradía que cumple 75 años

Ayer, en una sala del Colegio Salesiano repleta de asistentes, D. Manuel Rubio Vaquero (SDB) desplegó una extensa disertación sobre los orígenes de la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón y Nuestra Señora de la Amargura. Basada en las actas del grupo de Antiguos Alumnos Salesianos y en las Crónicas de la propia comunidad salesiana, la charla desgranó con todo lujo de datos y detalles cómo tras la guerra civil española, el director del colegio en aquellos años, D. Eduardo Ramos, impulsó en 1.942 la creación de una cofradía que tuviera como principal objetivo la reconciliación de ambos bandos y la cicatrización de las profundas heridas que la contienda había causado en el seno de una sociedad completamente resquebrajada.

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La familia Bosch toma la iniciativa y dona la actual imagen del Cristo del Perdón que procesiona en sus comienzos recorriendo un Vía Crucis por las calles de Pozoblanco sobre un primer paso construido sobre unas viejas andas en desuso de 9 metros de perímetro, solicitando a los pozoalbenses que mantuvieran encendidas las luces de sus casas al paso de la comitiva y se sumasen al rezo de las estaciones que se hallaran próximas a ella. Así hasta que en 1.950 se decidió adquirir un nuevo paso que fue traído desde Andújar. Dado el origen sevillano del mencionado D. Eduardo, se toma como referente a la  Real e Ilustre Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús del Silencio en el Desprecio de Herodes, María Santísima de la Amargura Coronada, San Juan Evangelista, y Santa Ángela de la Cruz y tres años más tarde se encarga la imagen de la Virgen al prestigioso imaginero también de Sevilla D. Antonio Illanes por el precio de 20.000 pesetas (aportadas en su mayoría por la familia Vizcaíno), cantidad que incluía el paso sobre el que procesionaria la talla. Corona, manto, respiraderos, varales y peana costaron otras 20.000 ptas y por fin, en 1.946 dicha imagen sería bendecida y sacada en procesión conjuntamente con el Señor del Perdón bajo una advocación que desde el principio se tuvo muy clara: Amargura.

El ponente D. Manuel Rubio, resaltó el  magnífico y multitudinario quinario que en aquellos primeros años de andadura se celebraba en honor a los titulares y el profundo fervor que irradió en las gentes de Pozoblanco que asumieron su carisma salesiano y la honda espiritualidad de la Cofradía que se mantiene viva hasta nuestros tiempos.

Queremos destacar la importante labor de estudio y recopilación de datos realizada por este sacerdote salesiano que sin duda alguna contribuirá a engrosar la historia menos conocida de nuestra añeja Semana Santa y dotará de un valiosísimo documento para todo aquel que quiera acercarse a conocerla con mayor profundidad.

Andrés Garrido

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