Entrevista a D. Antonio Arévalo Santos (1)

Durante el pasado mes de agosto, un grupo de colaboradores de Cruz de Guía se trasladó hasta el estudio de Canal 54 para compartir un rato de tertulia con D. Antonio Arévalo, uno de los cofrades más conocidos de nuestra Semana Santa. Nuestro entrevistado ha participado de casi todas las maneras posibles, siendo tallista y pintor para otras localidades también. Actualmente trabaja para la televisión local, encargándose también de la difusión de nuestra Semana Santa. Hoy le traemos la primera parte de la entrevista.

En primer lugar, ¿cuándo cierra los ojos a la hora de rezar, que cara tiene Cristo y su Madre?

Durante mucho tiempo he comentado que la cara que le ponía la Virgen era la de la Soledad, por una razón muy simple. Yo soy cofrade de la Soledad, ya  que me estaba mirando por encima del hombro cuando yo hacía la catequesis en San Sebastián. En ese momento, la Soledad no estaba donde está ahora, estaba en una hornacina justo enfrente de dónde está la imagen de San Rafael,  una hornacina muy pequeñita. En el sitio donde está ahora la Soledad lo que había era uno de los confesionarios, ahí no había nada, ese altar se le hizo hace relativamente poco. La Virgen estaba ahí a la izquierda y precisamente las bancas que ocupábamos los que estamos con la catequesis eran esas primeras bancas del lado izquierdo de San Sebastián.

Eso hace ya mucho tiempo, últimamente, conforme he ido madurando espiritualmente hablando, la imagen que tengo ha ido cambiando bastante hacia una imagen más humana, más de madre, en ese sentido siempre he buscado en la divinidad ese papel de padre, de madre, de hermano mayor.

No me cuadra  la divinidad de Dios y la Virgen como algo muy grande, muy lejano, muy externo. Cuando los siento, los siento muy cerca, pero los siento muy cercanos. No en la distancia, sino en lo espiritual, siento que están ahí. También el hecho de que perdí a mi madre relativamente joven, quizás me hizo hacer más humana la Virgen en ese sentido, un poco el culto a la madre.

Y últimamente la imagen que suelo tener es sobre todo de Cristo puesto que han sido muchos años dedicado al estudio de la Sábana Santa de Turín. Me quedo con la imagen de la Sábana Santa, pero sin tanto desgarro y sin tanta herida, sangre…

No me lo puedo imaginar pero no me gusta imaginar a Cristo así. Mi padre comentaba que realmente la muerte de Cristo no tenía importancia ninguna porque morir murieron muchos y otros murieron mucho peor que él, pero lo importante de esto es que Cristo resucitó.                                                                        

¿Cómo fueron sus inicios cofrades?

Mis inicios cofrades fueron sustituyendo a mi padre, con 8 años. Yo era un niño muy enfermizo y luego también tenía un problema añadido, y es que en mi calle era el más chico de todos y además el único que no tenía hermanos mayores. En aquellos primeros años de los setenta era un verdadero problema.

Pasaba mucho tiempo solo en casa jugando solo y leyendo muchísimos libros. Cuando mis amigos y compañeros de escuela estaban leyendo  la colección de los cinco, o de los siete secretos, yo me estaba peleando ya con la segunda lectura del Quijote, porque mi padre era un apasionado de los libros y en mi casa hay una biblioteca inmensa.

Y recuerdo que de niño me fabricaba procesiones de Semana Santa de cartón, pintaba los nazarenos y los Cristos, los recordaba y hacia mis procesiones con aquello.

Lo de tomar los hábitos fue con ocho años, cuando mi madre estuvo muchísimo tiempo enferma, llegando un momento en el que lo de salir era muy complicado. Estaba más tiempo en la cama que camiando, por lo que algunas veces se tiraba toda semana entera sin poder levantarse. Mi padre tuvo que pasar cada vez más tiempo con ella.

Él estaba muy ligado a los a los Salesianos, realizando gran parte de la obra nueva  como maestro de obra. Realizó el Pórtico de dentro, los azulejos de María Auxiliadora toda esa parte, lo que se le llaman Palomar, eso es lo que mi padre y era cofrade de la Hermandad del Cristo del Perdón. Y cuando él dijo que ya no salía más, Pues ese mismo año dijeron posee no sale voy a salir tomé el relevo.

Y desde entonces he estado saliendo en distintas hermandades pues hasta que por temas de salud, una temporada que tuve una lesión de rodilla cuando era costalero, que fue cuando tuve que dejar de salir debajo de las trabajaderas. Y por cuestión de trabajo ya lo tuve que dejar definitivamente.

¿Dónde salió de costalero?  

Salí de costalero en el Silencio y luego en la Soledad; en los primeros años del Silencio y los primeros años de la Soledad, con la suerte de pertenecer a la primera cuadrilla de esta última Hermandad.

Cuando dijimos de sacar a la Virgen, los directivos nos decían: “vale, pero es que son muy complicado…” y luego ya que acabamos de aquello, nos dijeron algunos que las ruedas estaban allí preparadas puesto que había gente que no se fiaba. No recuerdo realmente si al año siguiente o a los dos años fue cuando la Amargura ya montó su cuadrilla y empezó a salir con el palio a las calles de Pozoblanco.

Entonces, llamaron a Patricio, capataz de la Virgen de las Angustias de Córdoba, ya que era una cuestión complicada el sacar el palio a la calle.  Aquí tenemos unas referencias de los pasos de cristo, puesto que habían salido ya los dos pasos de la Cofradía del Silencio, con la diferencia que la Virgen de la Salud procesiona sin palio. También había salido Jesús Nazareno, pero era sacar un palio y eso ha siempre tenido una complicación. Al final lo que dice la gente es complicación relativa, ya que final la Soledad se lleva como si fuera un Cristo, cosa que es verdad. La manera de andar de la Soledad en más de un paso de misterio que de un paso de palio.

También creo que esos primeros años de Patricio dejaron una impronta a la manera de trabajar de la Soledad. A pesar de que esta manera haya gente a la que no le guste, el bailar el palio cómo se baila a la Soledad no es lo típico de palio. Con todo y con eso, es una manera mucho más sobria, más cordobesa de trabajar el paso que la que tiene la Virgen de Luna o la Virgen de la Amargura, que es una manera mucho más sevillana.

Incluso también varía la forma de trabajo de los capataces. Recuerdo al primer capataz de la Amargura, el cual lo conocíamos como  “Marmolillo” que cuando aún no existía la carrera oficial, se puso a más de 10 metros de distancia al paso de palio a dar las órdenes pegando voces. Eso a nosotros nos llamó mucho la atención ya que por aquel entonces, Patricio, nuestro capataz, mandaba el paso casi en silencio y dando las indicaciones muy pegado al paso, sin alzar la voz, de manera mucho más sobria.

Redacción: Jesús Rodríguez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s