Entrevista a D. Antonio Arévalo Santos (2)

Más de una vez te hemos oído bromear diciendo que lo único que te falta ya en Semana Santa es salir sobre un Paso. Costalero, Nazareno de vela, pregonero, cartelista, narrador periodístico… ¿De todas tus peripecias por el mundo cofrade, con cuál te quedas en la actualidad?

Como ya dije en mi pregón, en los Salesianos me enseñaron a ser nazareno. Luego me metí en el Silencio donde me enseñaron a ser cofrade. En la Soledad  aprendí a ser costalero. Poco a poco empiezas a conocer el trabajo de otras cofradías. Hay cofradías a las cuales no se le da mucha importancia, dándote la sensación de que están porque tienen que estar. Esto me  pasaba con la Borriquita, ya que yo la veía como la procesión de los niños, donde se podía ver que estos, no se la tomaban enserio como  cuando cogían la palma bajo el brazo y demás. Te das cuenta que las cosas no se ven de igual manera desde fuera que desde dentro, no significa que desde fuera se vean peor, pero se ven de otra manera y muchas veces es conveniente verlas desde fuera y desde dentro.

Desde dentro, muchas veces  estás tan metido que hay muchas cosas que no se aprecian. Muchas veces el estar un año sabático y decir, bueno lo dejo voy a ver cómo se ve desde fuera. Es cierto que se pasa un gran sofocón cuando ves por primera vez es la cofradía desde fuera, pero muchas cosas  que no logras apreciar cuando estar metido de lleno dentro de la cofradía. A mí en Semana Santa me ha tocado hacer prácticamente todo y te das cuenta que nadie es imprescindible, absolutamente todo el mundo es prescindible. Las cosas se pueden hacer y si no está esta persona lo puede hacer esta otra, sí, pero no lo va a hacer igual, va a ser distinto.

Más o menos como decir, por ejemplo, que si ocurriera una desgracia y hubiera que dejar de procesionar con algunas imágenes podríamos sacar otras, pero nunca sería lo mismo. Exactamente lo mismo pasa con las personas, cuando se dice que esta persona es la que viste a la Virgen, pero si no la viste esta persona, la puede vestir otra, puede que se vista, pero no es lo mismo, quizás sea mejor lo que venga pero seguirá siendo distinto. Esto es algo que he aprendido y es que hasta el último nazareno cuando falta, deja un hueco, un hueco que se puede tapar pero digamos que se nota.

Un ejemplo que tenemos con un personaje de nuestra localidad, que si se propusiera firmar para hacerle un monumento creo que muy poca gente en Pozoblanco se iba a negar, como era nuestro Manolo, “el Santome”. A Manolo lo echa muchísima gente de menos porque era la persona que iba siempre con la Virgen de Luna, iba con las procesiones y siempre estaba ahí… bueno, ahora no está. No pasa nada,  pero se le echa de menos, deja un hueco. Una de las cosas más bonitas que vivió en mi profesión fue precisamente el año que murió, porque en la romería de Virgen de Luna siempre tenía un sitio reservado para comer con los hermanos, le dejaron el sitio vacío y le pusieron una rosa donde él se sentaba. Manolo era una persona que no colaboraba activamente con la vida de ninguna hermandad pero era insustituible.

De todas tus peripecias cofrades, ¿Cuál ha sido la que más te ha calado?

Ha habido momentos de todo tipo, por ejemplo, recuerdo uno en particular en la Cofradía del Silencio en el que murieron dos amigos muy jóvenes, uno con 19 y otro con 18 años. En aquel momento más que una cofradía éramos un grupo de amigos, ya que estábamos en un grupo de 15 a 20 personas donde nos juntábamos todos los fines de semana  para echar el rato era en las casas de hermandad. Nuestro «hobby» era la cofradía, y encontrarnos el accidente de circulación y la muerte nos supuso un palo muy duro en la faceta personal y en la propia vida de la cofradía. Aquello fue un trauma muy grande y suscitó diversas tensiones personales que fueron difíciles de llevar.

Por desgracia también hay momentos muy duros en algunas cofradías que muchas veces no trascienden, pero todavía existen en algunas cofradías, llegando incluso al insulto personal. Hay cosas que no deberían mezclarse y esos momentos han sido muy duros. También ha habido diversos momentos de tremenda felicidad, como aquella vez que sacamos por primera vez a la Soledad. Cuando la entramos por primera vez, vimos la inmensa cantidad de gente que se agolpaba en la Parroquia de San Sebastián para ver como entraba el palio. Uno de los recuerdos más intensos que recuerdo fue cuando por temas de salud no puede salir bajo las trabajaderas del palio. Ni me lo pensé. Cogí y me arreglé mi traje de nazareno, incorporándome a las filas. Recuerdo las palabras de un buen amigo mío que me decía: “Te iras temprano para poder ir cerca de la Virgen”. Hice lo contrario para ir en mitad de la fila, aunque cuando acabo la procesión y de puertas para adentro,  me fui a abrazar a los que habían sido mis hermanos costaleros. Cuando  llegue allí recuerdo perfectamente lo que me dijo uno de ellos: “Sabes una cosa, no te hemos echado de menos ni una mijita, porque ibas debajo con nosotros”. Eso me marco profundamente.

Otro momento de mucha alegría,  de los de llorar a moco tendido íntimamente, fue cuando uno de mis compañeros de trabajadera, Martínez Cerrillo, le cedimos tramos. Él venía desde Córdoba a los ensayos, por lo que venía evidentemente cuando podía. Nunca se peleó  por tener más o menos chicotas, conforme con los tramos  que le correspondían. Por aquel año, estábamos dos cuadrillas y a él le correspondían 2 o 3 chicotás. Cuando llegó la hora de salida y una vez encauzado el paso para salir, se baja el paso y cedo mi sitio para que el pudiera hacer la salida. Al igual que yo, todos los compañeros fuimos cediendo nuestro trabajo y así poder tener todos el mismo número de chicotás. Él nos lo agradeció mucho y una frase que dijo que realmente me conmovió fue esta: “A ver si de verdad todo el mundo aprende lo que es ser un hermano costalero”.

Cuando fui pregonero de la Semana santa, tenía un problema y es que como pregonero tenía que estar en el palco de autoridades de la carrera oficial.  Por mi trabajo debía de estar en el balcón del ayuntamiento retransmitiendo el paso de la cofradías por Carrera Oficial. Finalmente conseguimos solucionar la situación, con un micrófono de diadema y comentando desde el palco la procesión, lo que fue un poco caos ya que no podía saber realmente lo que estaba grabando la cámara.

Llega el Lunes Santo y el primer paso de la Cofradía del Silencio estaba parado a la altura del ayuntamiento. Yo estaba comentando que el paso de Jesús Amarrado a la Columna hace toda la Carrera Oficial en una chicotá, lo cual me alivió bastante ya que no hablaría más hasta que este paso saliera por la calle Jacinto Benavente. En mitad de la eterna chicotá, nos percatamos que uno de los nazarenos se dirigía hacia el palco de autoridades con paso acelerado, suponiendo que iba a decirle algo al presidente de la Agrupación de Cofradías. De pronto, se viene a mi persona y me dice: “Antonio, aunque esto no se diga en alto, que sepas que esta chicotá te la queremos dedicar a ti, porque esta sigue siendo tu cofradía”. Os podéis imaginar mi situación, fue un momento realmente emotivo para mí.

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