Cuaresma

Cuaresma

Siguiendo el rastro jocoso y transgresor que deja el Entierro de la Sardina, presiento a lo lejos el caminar lento y medroso de la Cuaresma sobre la alfombra de confeti que ha dejado el carnaval de cada año sobre las calles ávidas de una primavera que tiene como gloriosa antesala la celebración de la Semana más santa para el que vive con pasión la muerte y resurrección de aquel Nazareno que algunos llamaron el Hijo de Dios vivo. Cuarenta días de preparación para una manifestación de fe que no tiene parangón para todo aquel que siente en su interior la presencia de un Mesías que se hace hombre para morir en una cruz por y para la redención de todos nosotros. Los hay que no creerán en la divinidad del hijo del carpintero de Nazaret, habrá quién no se sienta parte de su legión de seguidores… pero lo que nadie puede negar es la potentísima impronta que nos deja su paso por este mundo absurdo que ajusticia sin reparo alguno al inocente que da su vida por un ideal universal de paz y concordia para toda la raza humana. El Cristo muere y resucita por cada uno de nosotros, crea o no crea, sienta o no sienta, padezca o no padezca. Cuarenta días que, quitando los días laborables, se quedan en apenas diez días para recordar, para interiorizar su mensaje fraterno, para vislumbrar la luz tras la lenta agonía de un martirio aceptado y consumado sin oponer la más mínima resistencia.

Viernes de Cuaresma en Casas de Hermandad, sábados y domingos que acogerán actos de muy diversa índole para conmemorar la Pasión y Muerte de Cristo… Si lo pensamos, apenas son un 4% de todo un año, cinco fines de semana de un total de 52, apenas diez días… Para todo aquel que se sienta cofrade y seguidor de Jesús, el Nazareno, el Crucificado al que rezamos cada vez que algo chirría en nuestras vidas, el Hijo de un Dios que muere cada año en primavera… la Cuaresma llegó, la Semana de Pasión se vislumbra tras los tejados. Salgamos a la calle sin complejos, como lo hicimos en el Carnaval que también es necesario como contrapunto y bálsamo, vivamos cada momento a pecho descubierto porque en el contraste está la savia de la vida.

Andrés Garrido

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