Miércoles Santo desde la Vista de una Bracera

La mañana del 28 de Marzo, Miércoles Santo habría con un día soleado aunque frío. Todo se preparaba para una estación de penitencia sin contratiempos. En la cual se estrenó este año los estandartes de la escolta romana a caballo, dos dalmáticas y dos incensarios.

La tarde avanzaba y los nazarenos y nazarenas iban llegando a la iglesia. La banda que acompaña cada año al Medinaceli es la banda de cornetas y tambores Nuestro Padre Jesús Rescatado Cristo de Medinaceli.  Las 21:00, la cruz de guía salía a la puerta de San Bartolomé. La procesión comienza a salir. Llegó el momento, primer toque, atención. Segundo, preparados, y tercero a los hombros. El cristo avanzaba hasta el dintel de la puerta. La marcha real suena. Ya estamos en la calle.  Todo un año soñando para ver al callenuevo recorrer las calles de Pozoblanco.Leer más »

Crece un Sentimiento

No se sabe cómo ni porqué pero desde muy pequeñita un sentimiento aflora en mi interior. Un sentimiento que cada vez que pasas por la puerta no puedes evitar pensar que está ahí.

Escucharás decir a muchos que “será la cercanía a la iglesia”, “será el barrio”, será…  Me decían. Pues tengo que decir, que ser “callenueva” no ha hecho nacer en mí ese sentimiento. Simplemente, Él tiene ese algo que te lleva, tiene ese encanto que le hace ser único, tiene ese Don de atraer a tantas  personas cada viernes a rezarle, admirarle o simplemente visitarle en su iglesia.

medina

 

Esa devoción tan grande hace llevar siempre en cada procesión a tantos, alguien los puede llamar fieles, yo los llamo personas con corazón.

Me recuerdo desde pequeña “procesionando” por los pasillos de casa de mis abuelos con todo el atuendo puesto, incluida una vela encendida; donde mi abuela siempre me decía: “esta niña cómo le gustará tanto la Semana Santa”.
Recuerdo perfectamente el primer día, mi debut podría incluso decir pero, sabéis qué, en ningún momento tuve duda de a quién acompañaría durante muchos años después. Era tan sólo una niña y cada año preparaba todas mis cosas y estaba lista para volver a salir con él por las calles de mi pueblo. Nerviosa pasé el día, más aún cuando vi su salida por ese arco, los aplausos de tantas personas con pasión hacia Él y, lo que yo no esperaba de ese día eran las lágrimas que recorrieron mi cara cuando vi que todo había pasado, esos pasos de camino a casa, qué duros se hacían. ¡Hasta el año que viene! Siempre le decía. Era sólo una niña.

 

Pasaron los años, fui creciendo y determinadas situaciones de cada momento no me permitieron continuar pero lo que nunca falla, lo que nunca falta y en lo que nunca intentaré fallar es en su visita cada Miércoles Santo.
En mi opinión, no es más devoto, no le ama más, no tiene más sentimiento siempre quien más lo demuestre, es decir, yo misma he fallado muchos viernes a su visita, muchos viernes primeros de marzo pero mi fe hacia él, ese sentimiento tan peculiar que irradia, eso sólo se puede llevar en el interior del corazón de cada persona.

 

Estefania Carrasco Muñoz